La discusión en torno de la eutanasia ha sido
hasta ahora una discusión algo enrarecida. No todo el mundo llama eutanasia a
lo mismo y la palabra "eutanasia" se ha teñido de un tinte escabroso
por las prácticas aberrantes llevadas a cabo por los nazis. Sin embargo, para
pensar en serio sobre el tema lo primero que debemos hacer es no tenerle
miedo a las palabras, sacudir los prejuicios y acudir (en lo posible) a
argumentos. Y, sobre todo, no pensar que los argumentos propios son
concluyentes. Algunos de los míos son los siguientes.
Desde el punto de vista del bienestar del
paciente, no podemos excluir la posibilidad de que, a pesar de todos los
esfuerzos médicos, de contención emocional, de control del dolor, etcétera, sea
en beneficio objetivo del paciente terminar con su vida. Por supuesto que no
son el médico ni la sociedad los que deben tener la autoridad moral o legal
para determinar si la muerte es o no un beneficio para el propio paciente; por
ello es indispensable complementar esta preocupación por el bienestar con el
respeto de la autonomía antes mencionado: es el propio paciente el que debe
determinar, luego de reiteradas consultas y controles (tal como ocurre en
Holanda), que la muerte es un beneficio para él.
Muchas veces la crítica a la eutanasia se
centra en una crítica al modelo asistencial excesivamente tecnificado, que
lleva a la prolongación artificial de la vida en condiciones inhumanas, y,
por consiguiente, a la necesidad de ponerle fin de alguna manera. Hasta cierto
punto, esta crítica es acertada, en mi opinión. Sólo que, aun en el modelo de
medicina más perfecto y humano, es ingenuo pensar que no ocurrirían situaciones
en las que el dolor físico y psicológico de una persona no justifique su deseo
profundo y genuino de no continuar viviendo.
Otra crítica frecuente sostiene que, si se despenaliza la eutanasia, es imposible evitar que, luego, se despenalicen otras conductas más dudosas, hasta que, finalmente se termine legalizando prácticas verdaderamente aberrantes, como la eliminación de personas "inútiles", propias de la "eutanasia nazi". Este argumento se lo suele denominar "de la pendiente resbaladiza". Pero creo que precisamente la ley actualmente aprobada en Holanda muestra que, desde hace 30 años, lo que se pretende es exactamente lo mismo: la despenalización del mismo acto y con exactamente los mismos requisitos, condiciones y límites. No se ha producido ninguna pendiente resbaladiza. Por otro lado, los argumentos de pendiente resbaladiza deben ser tomados siempre con cautela. En el fondo, cualquier práctica social puede conducir a otra reprobable (la práctica de realizar trasplantes puede llevar a la comercialización de órganos, y, sin embargo, no proponemos que se prohíba realizar trasplantes). El punto es determinar si es probable o verdaderamente previsible que se produzca la pendiente resbaladiza y si las regulaciones no pueden impedirla.
Por lo demás, la despenalización de la eutanasia, realizada con las extremas precauciones del caso (y que están previstas tanto en el procedimiento ya existente en Holanda como en el que prevé la ley que se acaba de aprobar), responde a un sinceramiento altamente loable de los médicos y de la sociedad. En mayor o menor medida, actos de eutanasia (pasiva e incluso activa) son realizados, de hecho, por los médicos. Y no son realizados con la representación de estar llevando a cabo un acto inmoral. La despenalización lleva mayor control social a la decisión, evitando que, en definitiva, el médico actúe sólo de acuerdo con su propio criterio.
Otra crítica frecuente sostiene que, si se despenaliza la eutanasia, es imposible evitar que, luego, se despenalicen otras conductas más dudosas, hasta que, finalmente se termine legalizando prácticas verdaderamente aberrantes, como la eliminación de personas "inútiles", propias de la "eutanasia nazi". Este argumento se lo suele denominar "de la pendiente resbaladiza". Pero creo que precisamente la ley actualmente aprobada en Holanda muestra que, desde hace 30 años, lo que se pretende es exactamente lo mismo: la despenalización del mismo acto y con exactamente los mismos requisitos, condiciones y límites. No se ha producido ninguna pendiente resbaladiza. Por otro lado, los argumentos de pendiente resbaladiza deben ser tomados siempre con cautela. En el fondo, cualquier práctica social puede conducir a otra reprobable (la práctica de realizar trasplantes puede llevar a la comercialización de órganos, y, sin embargo, no proponemos que se prohíba realizar trasplantes). El punto es determinar si es probable o verdaderamente previsible que se produzca la pendiente resbaladiza y si las regulaciones no pueden impedirla.
Por lo demás, la despenalización de la eutanasia, realizada con las extremas precauciones del caso (y que están previstas tanto en el procedimiento ya existente en Holanda como en el que prevé la ley que se acaba de aprobar), responde a un sinceramiento altamente loable de los médicos y de la sociedad. En mayor o menor medida, actos de eutanasia (pasiva e incluso activa) son realizados, de hecho, por los médicos. Y no son realizados con la representación de estar llevando a cabo un acto inmoral. La despenalización lleva mayor control social a la decisión, evitando que, en definitiva, el médico actúe sólo de acuerdo con su propio criterio.
Preguntas:
1.- ¿Cuál es la posición del autor frente al
tema de la eutanasia?
2.- Identificar ¿cuáles son los enfoques
que permiten que el autor plantee dicho punto de vista?
3.- ¿Estás de acuerdo con la opinión del
autor? ¿Qué aspectos considerarías en el supuesto de no estar de acuerdo con
permitir la eutanasia?
4.- Si tuvieras un familiar o una persona
cercana que padeciera de una enfermedad terminal o se encuentre en estado muy
grave ¿Permitirías que se le practique la eutanasia?
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